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L U C I L A
Amanece en los cerros del valle del Elqui
el dolor y la ternura;
es un rinconcito de montaña hecha mujer,
su nombre: LUCILA.
Es la expresión poética del amor infinito,
y la creación divina, que juegan,
entre tierras áridas y surcos de desolación
el andar de amores frustrados;
es la pasión escrita con donaire
en los sonetos del alma.
Dame la mano y danzaremos,
escucha en salmos y cánticos celestiales la voz
que la invita a conocer desde su niñez,
el amor sublime de su “libro mío”.
Son los piecesitos de niños, azulosos de frío, de;
David, Ester, Job; sus amigos,
que van camino al calvario, la angustia y soledad,
que cubrirán en manantiales de agua viva,
los pasos cansados de su corazón atormentado.
Espera con orgullo, que fluya el consuelo
de su Padre Amado;
es el desierto de su alma,
que grita desde lo profundo de su ser:
“Padre Nuestro, no me abandones.”
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